Voy a aferrarme a la noche y ahogar estas lágrimas que no
cumplen la función de limpiar mi alma. Renegaré al destino por esa lascivia
impune con la que acalla tu voz cada vez en mi cuello, tan fuerte e imperiosa, esa necesidad latente en mi ser que acunaste con tus besos.
Y es que sentí
nostalgia al ya no tener tus manos cerca cuando aún me tocaban, ese hasta
pronto que hoy se convierte en un cierre injusto. Tantas veces dije tu nombre
inundada en plenitud, pensando que me volvía tuya sin percatarme que lo fui desde el momento que me ignoraron por primera vez tus ojos, mis versos se tatuaron tu nombre ese día, mi ritmo cardíaco estaba muy al tanto de lo que en ese momento sucedía.
Hasta ver más, todo sea no anudar lazos en el camino con otro tú.
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