Es de noche solamente, decía aquel pobre e iluso
vagabundo que rascaba su sucia e irritada barba sin decoro alguno, dejando
pasar el hecho que el viento susurraba premoniciones intensas que solo la
impureza podría dejar pasar y no escuchar.
Los gritos desgarradores no le eran suficientes debía hacerse notar de otra forma… y entonces la vio, era hermosa, allí ajena a
cualquier insensatez humana, llena de vida, grande y esplendorosa
¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Quién la había
escondido?, tanta belleza no se pasaba por alto fácilmente.
El viento, fuerte y decidido señor la abordó sin
pensarlo. Más fuerte combinación, sublime y sin restricciones – ¡mi señora eres tan pura! – exclamó con asombro
Sus hojas comenzaron a caer lentamente, con un ritmo
impecable y suave, tocando el suelo, quedando sin una sola en sus
extensas y perfectas ramas ¡renovación!, el señor viento no lo podía creer, se veía
más bella aún.
No pasó mucho tiempo para que la madre luna se
enterara, no perdió ni un segundo más, madre sabia, ella que sabía lo que en
realidad era bueno, decidió cobijarla, tomarla con su tenue pero aún así fija
iluminación, más luego lo sintió – mírenla, ¿es acaso seguro confiar en ella? hablando
de las hojas que bailan y los árboles que piensan – dijo la luna con desprecio –
Por supuesto madre, no hay duda alguna – exclamó el señor viento y continuó – su pureza es
incuestionable le da refugio a aquel insensato hombre apestoso sin que él
siquiera lo aprecie; es nuestro deber acompañar cada noche a esta benefactora
de corazón en su preciado deber – concluyó – ¿Corazón has dicho? – Exclamo la luna, preciosa madre,
con un tono de desacuerdo – no nos precipitemos – afirmó – No he venido a ti
para ser insultado de esa manera querida madre por lo tanto he de señalar que
tu soberbia no te deja aceptar que alguien tan bella como tú o quizás más, entre
en nuestro mundo – afirmó el señor
viento – tu insolencia es un acontecimiento inesperado, jamás esperé tal
sublevación de tu parte – dijo con asombro la madre luna – perdón madre no era
mi intención contaminar sus oídos con tan vanas palabras – dijo el señor viento
arrepentido – ya puedes retirarte – dijo la madre luna con tono de decepción.
Lo cierto era que el señor viento ya tenía la
costumbre de alimentarse de la belleza de aquella Ceiba con la que se había
aventurado aquella noche, cuando la desnudó con sus soplidos y la hizo suya,
era necesario repetir tal acontecimiento cada que fuera posible, no podía
evitar ahondarse entre sus ramas y envolverla con su intensidad. Pero todo esto
a escondidas de la madre luna, pues nadie más que ella debía ser venerada de
tal forma.
Semanas después la madre luna recibió la visita de la lluvia
– madre, me da mucha pena pero mi obligación es defenderla de cualquier
traición o falta de lealtad a lo que usted representa – dijo con tono hipócrita
la lluvia – ya basta de tanto preámbulo lluvia, dime de una buena vez lo que
has venido a anunciar – dijo la madre luna un tanto desesperada – es el señor
viento madre, no ha parado ni un solo momento de frecuentar a esa criatura de
tronco amplio – dijo la lluvia siendo interrumpida – creí que había sido lo
suficientemente clara con él, ¿cómo se atreve? ¿Por quién me toma? Esto se debe
resolver cuanto antes, convocare una reunión con el General Rayo para que junte
a su ejército – dijo con ira la madre luna - ¿Qué va a pasar madre? Usted
detesta deberle favores al General – afirmó la lluvia.
El General Rayo asistió de manera casi inmediata al
llamado de la madre luna – así que dime, ¿a qué debo tan honorable invitación
madre? – Pregunto el General – no se te escapa absolutamente nada General por
eso mismo tengo la convicción que eres tú el indicado para este trabajo –
dijo la madre luna – ¿trabajo has dicho? Perfecto madre, ¿para qué soy bueno? –
claro que sí, había olvidado que contigo debo ir al grano, evitar redundar, en fin
hay una ceiba, se cree más bella que yo y me ha arrebatado a el amor de mi vida
como si no importara – la envidia, envidia que te llevara a la ruina madre… muy
bien me encargare de ella y traeré a tu tan preciado viento de rodillas rogando
piedad, pero conmigo todo tiene un precio y lo sabes madre – dilo de una vez
cualquier precio será una miseria a cambio de recuperar lo mío – pues es simple
madre, en vista que tu vanidad es tu desgracia, el trato es el siguiente... cuando
alguien vea al cielo te vera fraccionada, se te apreciara en fases, cada 9
fases únicamente podrás mostrarte en tu totalidad – no puedes pedirme eso
General – es porque puedo que lo pido madre – está bien – suspiró con
sentimiento de derrota - pero que te
quede claro General, no quiero que queden más que cenizas de esa dama
desdichada que se hace llamar ceiba, ¡cenizas he dicho! – exclamó retirándose, convirtiéndose la madre en luna nueva.
Era una tarde sombría la cual anunciaba la desgracia,
el señor viento sentía consternación, sabía que algo andaba mal, la lluvia
comenzó a presentarse de una manera precipitada, el cielo empezó a rugir con
una furia indescriptible, el señor viento no entendía lo que estaba ocurriendo
– lluvia ¿Qué está sucediendo? – preguntó el señor viento – infidelidad mi
señor, eso sucedió, la madre luna exige venganza – dijo la lluvia
intensificándose a cada palabra. El señor viento perdió el control recorrió la
tierra con desesperación mientras que el ejército del General Rayo hacía de las
suyas – General se lo suplic, un tanto de tregua para mi angustia, esto será una masacre, tenga piedad se
lo suplico – imploró el señor viento – las ordenes han sido dadas y el objetivo
ha sido localizado apártate y observa, pues no hay nada que puedas hacer –
afirmó el General.
Sin freno el General Rayo se abalanzó sobre la ceiba,
sin titubear y con todas sus fuerzas la impactó, un estruendo inverosímil se
escuchó por todo el lugar dejando a la dama en nada más que cenizas, tal y como
lo había exigido la madre luna. La desventura invadió al señor viento, su
sufrimiento jamás sería sanado, el duelo lo acompañaría por la eternidad, sin
encontrar remedio alguno.
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