martes, 18 de noviembre de 2014

A causa de tu sombra


Es de noche solamente, decía aquel pobre e iluso vagabundo que rascaba su sucia e irritada barba sin decoro alguno, dejando pasar el hecho que el viento susurraba premoniciones intensas que solo la impureza podría dejar pasar y no escuchar.

Los gritos desgarradores no le eran suficientes debía hacerse notar de otra forma… y entonces la vio, era hermosa, allí ajena a cualquier insensatez humana, llena de vida, grande y esplendorosa

¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Quién la había escondido?, tanta belleza no se pasaba por alto fácilmente.

El viento, fuerte y decidido señor la abordó sin pensarlo. Más fuerte combinación, sublime y sin restricciones – ¡mi  señora eres tan pura! – exclamó con asombro

Sus hojas comenzaron a caer lentamente, con un ritmo impecable y suave,  tocando el suelo, quedando sin una sola en sus extensas y perfectas ramas ¡renovación!, el señor viento no lo podía creer, se veía más bella aún.

No pasó mucho tiempo para que la madre luna se enterara, no perdió ni un segundo más, madre sabia, ella que sabía lo que en realidad era bueno, decidió cobijarla, tomarla con su tenue pero aún así fija iluminación, más luego lo sintió – mírenla, ¿es acaso seguro confiar en ella? hablando de las hojas que bailan y los árboles que piensan – dijo la luna con desprecio – Por supuesto madre, no hay duda alguna – exclamó el señor viento y continuó – su pureza es incuestionable le da refugio a aquel insensato hombre apestoso sin que él siquiera lo aprecie; es nuestro deber acompañar cada noche a esta benefactora de corazón en su preciado deber – concluyó – ¿Corazón  has dicho? – Exclamo la luna, preciosa madre, con un tono de desacuerdo – no nos precipitemos – afirmó – No he venido a ti para ser insultado de esa manera querida madre por lo tanto he de señalar que tu soberbia no te deja aceptar que alguien tan bella como tú o quizás más, entre en nuestro mundo – afirmó el señor viento – tu insolencia es un acontecimiento inesperado, jamás esperé tal sublevación de tu parte – dijo con asombro la madre luna – perdón madre no era mi intención contaminar sus oídos con tan vanas palabras – dijo el señor viento arrepentido – ya puedes retirarte – dijo la madre luna con tono de decepción.

Lo cierto era que el señor viento ya tenía la costumbre de alimentarse de la belleza de aquella Ceiba con la que se había aventurado aquella noche, cuando la desnudó con sus soplidos y la hizo suya, era necesario repetir tal acontecimiento cada que fuera posible, no podía evitar ahondarse entre sus ramas y envolverla con su intensidad. Pero todo esto a escondidas de la madre luna, pues nadie más que ella debía ser venerada de tal forma.

Semanas después la madre luna recibió la visita de la lluvia – madre, me da mucha pena pero mi obligación es defenderla de cualquier traición o falta de lealtad a lo que usted representa – dijo con tono hipócrita la lluvia – ya basta de tanto preámbulo lluvia, dime de una buena vez lo que has venido a anunciar – dijo la madre luna un tanto desesperada – es el señor viento madre, no ha parado ni un solo momento de frecuentar a esa criatura de tronco amplio – dijo la lluvia siendo interrumpida – creí que había sido lo suficientemente clara con él, ¿cómo se atreve? ¿Por quién me toma? Esto se debe resolver cuanto antes, convocare una reunión con el General Rayo para que junte a su ejército – dijo con ira la madre luna - ¿Qué va a pasar madre? Usted detesta deberle favores al General – afirmó la lluvia.

El General Rayo asistió de manera casi inmediata al llamado de la madre luna – así que dime, ¿a qué debo tan honorable invitación madre? – Pregunto el General – no se te escapa absolutamente nada General por eso mismo tengo la convicción que eres tú el indicado para este trabajo – dijo la madre luna – ¿trabajo has dicho? Perfecto madre, ¿para qué soy bueno? – claro que sí, había olvidado que contigo debo ir al grano, evitar redundar, en fin hay una ceiba, se cree más bella que yo y me ha arrebatado a el amor de mi vida como si no importara – la envidia, envidia que te llevara a la ruina madre… muy bien me encargare de ella y traeré a tu tan preciado viento de rodillas rogando piedad, pero conmigo todo tiene un precio y lo sabes madre – dilo de una vez cualquier precio será una miseria a cambio de recuperar lo mío – pues es simple madre, en vista que tu vanidad es tu desgracia, el trato es el siguiente...  cuando alguien vea al cielo te vera fraccionada, se te apreciara en fases, cada 9 fases únicamente podrás mostrarte en tu totalidad – no puedes pedirme eso General – es porque puedo que lo pido madre – está bien – suspiró con sentimiento de derrota  - pero que te quede claro General, no quiero que queden más que cenizas de esa dama desdichada que se hace llamar ceiba, ¡cenizas he dicho! – exclamó retirándose, convirtiéndose la madre en luna nueva.

Era una tarde sombría la cual anunciaba la desgracia, el señor viento sentía consternación, sabía que algo andaba mal, la lluvia comenzó a presentarse de una manera precipitada, el cielo empezó a rugir con una furia indescriptible, el señor viento no entendía lo que estaba ocurriendo – lluvia ¿Qué está sucediendo? – preguntó el señor viento – infidelidad mi señor, eso sucedió, la madre luna exige venganza – dijo la lluvia intensificándose a cada palabra. El señor viento perdió el control recorrió la tierra con desesperación mientras que el ejército del General Rayo hacía de las suyas – General se lo suplic, un tanto de tregua para mi angustia, esto será una masacre, tenga piedad se lo suplico – imploró el señor viento – las ordenes han sido dadas y el objetivo ha sido localizado apártate y observa, pues no hay nada que puedas hacer – afirmó el General.


Sin freno el General Rayo se abalanzó sobre la ceiba, sin titubear y con todas sus fuerzas la impactó, un estruendo inverosímil se escuchó por todo el lugar dejando a la dama en nada más que cenizas, tal y como lo había exigido la madre luna. La desventura invadió al señor viento, su sufrimiento jamás sería sanado, el duelo lo acompañaría por la eternidad, sin encontrar remedio alguno. 

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